Sesion 5. Actividad 2. Análisis y abstracción de información
Sesion 5. Actividad 2. Análisis y abstracción de información
Alimentación con productos procesados y ultrapocesados sus
efectos negativos en la salud de los Milenials en México
Antecedentes del Tema
La Alianza por la Salud Alimentaria define a los alimentos y bebidas procesados como
aquellos que son adicionados con aceites, grasas, azúcares, sal y otros
ingredientes para lograr determinadas características.
Se entiende por comida procesada cualquier alimento que sufra
cambios o pase por algún grado de procesamiento industrial antes de
llegar a nuestra mesa para que lo podamos consumir.
Dentro de la categoría de alimentos
procesados se incluyen alimentos en los que han sido
utilizados métodos de conservación como el salado y la fermentación con sal.
Alimentos. Ejemplo de
estos son las verduras en lata que contienen cantidades de sal determinadas, el
pescado o sardinas en aceite que son enlatados.
También los quesos, carnes saladas, carnes
ahumadas, frijoles enlatados y los panes que se elaboran únicamente con harina,
agua, sal y fermentos.
¿Ultraprocesados? Por otro
lado, otra categoría que existe y que no se habla de ella a menudo es el de
alimentos ultra procesados o bebidas ultraprocesadas, que son
aquellos elaborados a partir de procedimientos industriales.
Esto quiere decir que son elaborados a partir de
sustancias artificiales como aditivos, saborizantes y colorantes
que los hacen apetecibles.
Ejemplos. Comida rápida, los pasteles,
papas, botanas, pan dulce, bebidas como refrescos, néctares y jugos
embotellados.
También las sopas instantáneas o enlatadas. Yogur y
leches de sabor son ejemplo de alimentos ultraprocesados.
La mayoría de los ingredientes que se utilizan en
estos alimentos son aditivos.
Por ejemplo, solventes, estabilizadores y solventes
que pueden crear texturas, sabores o duración prolongada.
El procesado de alimentos hace que dispongamos de muchos productos que
no podríamos consumir si no fuese por esta técnica, nos permite adquirir
alimentos de temporada durante todo el año. Sin este proceso gran variedad de
productos alimentarios que encontramos en el supermercado y en las tiendas no
los tendríamos a nuestra disposición. Esta técnica mejora la seguridad de los
alimentos mediante diversos métodos. Así,
v Los tratamientos a temperaturas
elevadas destruyen las bacterias nocivas;
v Algunos aditivos impiden que
las grasas entren en descomposición o que se desarrollen hongos y bacterias
nocivas,
v El envasado ayuda a prevenir la
manipulación indebida de los alimentos. Algunos ejemplos son las frutas, las
verduras y los productos cárnicos congelados, enlatados, pescado en conserva y
la leche U.H.T.
Pero los alimentos procesados en exceso pueden suponer un problema para una dieta saludable. En los Estados Unidos, por ejemplo, ya aparece un dato alarmante: estos alimentos representan más de la mitad de todas las calorías consumidas. Constituyen casi el 90% del consumo de azúcar añadido en la dieta norteamericana.
Ciertos métodos de procesado pueden provocar la pérdida de determinados nutrientes: es el caso de algunas vitaminas y minerales que se quedan en el agua de cocción o en las partes del grano que se eliminan para elaborar la harina. Las comidas procesadas también pueden contener azúcar y grasas en cantidades más elevadas que las que elaboramos con nuestras manos.
Así, este tipo de alimentos se han relacionado con
enfermedades como el sobrepeso y la obesidad.
Se sugiere el consumo de alimentos naturales o
«Mínimamente procesados» que son de valor nutritivo y sin sustancias
artificiales.
Otro tema de discusión en este tipo de alimentos es
el etiquetado que contienen; en su mayoría poco claro o difícil de comprender.
Bases Teóricas
Los alimentos ultra procesados (UPF) tienden a
ser altos en azúcares refinados, sodio y grasas (saturadas y trans ). Por lo tanto, su
consumo ha sido identificado como un factor relacionado con la pandemia de
obesidad y enfermedades crónicas no transmisibles. Para estudiar el papel
del procesamiento industrial de alimentos en la transición nutricional, el
marco de alimentos NOVA se ha propuesto como un nuevo enfoque para clasificar
todos los alimentos y bebidas en cuatro grupos según la naturaleza, el alcance
y el propósito de su procesamiento: (i) alimentos sin procesar o mínimamente
procesados; (ii) ingredientes culinarios procesados; (iii) alimentos
procesados; y (iv) UPF. El marco de alimentos NOVA define los
alimentos no procesados o procesados mínimamente como partes de plantas o
animales que no han sido procesados industrialmente ni han sido alterados de
manera que agreguen o introduzcan alguna sustancia, pero pueden implicar la
eliminación de partes no comestibles o no deseadas de los alimentos. Los
ingredientes culinarios procesados son sustancias extraídas y purificadas por
la industria a partir de constituyentes de alimentos u obtenidos de la
naturaleza con el fin de ser utilizados para preparar alimentos (por ejemplo,
sal, azúcar y aceites). Los alimentos procesados son productos
fabricados mediante la adición de azúcar, aceite, sal y otros ingredientes
culinarios a los alimentos procesados mínimamente para que sean más duraderos
y, por lo general, más sabrosos. Las UPF son formulaciones industriales
listas para ser consumidas, que se fabrican a partir de cinco o incluso más
ingredientes comúnmente utilizados en las industrias de procesamiento de
alimentos, tales como sustancias derivadas de alimentos (por ejemplo, aceites,
grasas, azúcar, caseína, lactosa, suero y gluten) o sintetizados a partir de
otros. Fuentes orgánicas (por ejemplo, aceites hidrogenados o
interesterificados, aislado de proteína de soja, maltodextrina, azúcar
invertida y jarabe de maíz con alto contenido de fructosa), conservantes y
aditivos (por ejemplo, humectantes, emulsionantes, disolventes, agentes de
carga, edulcorantes sin azúcar, colorantes y saborizantes).
El consumo de alimentos ultra procesados se ha
asociado con una baja calidad de la dieta y la obesidad. Y otras
enfermedades no transmisibles.
La obesidad y las enfermedades crónicas no
transmisibles son un grave problema de salud pública en México (Barquera, Campos y Rivera, 2013). De acuerdo a lo reportado en la
Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) de 2016, más del 70% de la
población mexicana padece de sobrepeso u obesidad (Hernández et al., 2016)
En
este sentido, la dieta ha sido reconocida como una herramienta a nivel
internacional para abatir la epidemia de obesidad y de enfermedades no
transmisibles (Cecchini y Warin, 2016, Cecchini et al., 2010, OECD, 2010). Actualmente los patrones alimentarios han migrado de la
comida tradicional al consumo de alimentos procesados (Aburto, Pedraza, Sanchez-Pimienta, Batis y Rivera, 2016).
Cerca
del 58% de las calorías consumidas en la dieta de los mexicanos están
conformadas por alimentos y bebidas empaquetadas (Popkin, 2014). De acuerdo a la ley mexicana, este tipo de alimentos (Diario Oficial de la Federación, 2010) deben ostentar un etiquetado frontal
y posterior obligatorio. Sin embargo, se ha documentado que este etiquetado
tiene algunas limitaciones, como necesidad de hacer cálculos matemáticos y
conocer los puntos de corte de los nutrimentos reportados en el etiquetado (De la Cruz-Góngora et al., 2017, Stern et al.,
2013). Además, un estudio realizado por el Instituto Nacional de
Salud Pública encontró que el 87% de los estudiantes de nutrición tienen
dificultad para comprender el etiquetado mexicano (Stern et al.,
2013). La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Medio Camino 2016
reportó que el 40% de la población mexicana lee el etiquetado, de los cuales el
30% mencionó que es algo comprensible y el 28% mencionó que
es poco comprensible (Tolentino-Mayo et al., 2016).
Alimentos
procesados y productos ultraprocesados
De acuerdo al modelo de perfil de nutrientes de la
Organización Panamericana de la Salud (OPS), la tendencia a consumir alimentos
procesados y productos ultraprocesados (PUP) está incrementanda en
Latinoamérica. De acuerdo a la OPS (Organización Panamericana de la Salud, 2016), los productos
alimenticios procesados provienen de la elaboración industrial, en la cual se
añade sal, azúcar u otros ingredientes culinarios a alimentos sin procesar o
mínimamente procesados a fin de preservarlos o darles un sabor más agradable.
Estos derivan directamente de alimentos naturales y se reconocen como una
versión de los alimentos originales. Por el contrario, los PUP se definen como
productos listos para consumir que se componen de sustancias extraídas de los
alimentos (aceites, grasas, azúcar y proteínas), derivados de constituyentes de
los alimentos (grasas hidrogenadas, almidones modificados) o sintetizados de
materiales orgánicos (aromatizantes, potenciadores del sabor y otros aditivos utilizados
para alterar las propiedades sensoriales del alimento). Algunos ejemplos de PUP
son: bebidas azucaradas, alimentos listos para consumir o ready-to-eat,
frituras o botana salada o dulce empaquetadas. Existe otro sistema de
clasificación de alimentos similar, el sistema NOVA, que agrupa los alimentos
según la naturaleza, la finalidad y el grado de procesamiento. Comprende cuatro
grupos: alimentos sin procesar o mínimamente procesados, ingredientes
culinarios procesados, alimentos procesados y productos ultraprocesados (Moubarac, Parra, Cannon y Monteiro, 2014).
Existen correlaciones entre el consumo de PUP y el
aumento de peso corporal promedio (Organización Panamericana de la Salud, 2016), lo que sugiere
una posible asociación con obesidad, diabetes mellitus tipo 2 y otras
enfermedades no transmisibles. El consumo de estos alimentos es, hoy en día,
parte de la dieta mexicana habitual y va aumentando en zonas rurales y
marginadas (Moubarac, 2015).
Además, de acuerdo a expertos de nutrición
convocados por la OPS, los PUP están diseñados para tener una larga vida de
anaquel y podrían generar deseos incontrolados de consumo, ya que activan
mecanismos innatos del control del apetito e inhiben el deseo racional de dejar
de comer (Moubarac, 2015).
Además, diversos estudios transversales (Nieto et al., 2017, Rincón-Gallardo Patiño et al., 2016) han documentado que los PUP presentan
mayor publicidad en sus empaques en comparación a productos con menor nivel de
procesamiento. Se ha documentado que dichos productos presentan declaraciones
de salud y nutrición que podrían confundir al consumidor (Al-Ani, Devi, Eyles, Swinburn y Vandevijvere, 2016).
Los productos y bebidas ultra-procesados (PUP) son
formulaciones listas para comer o beber. Se basan en sustancias refinadas, con
una cuidadosa combinación de azúcar, sal y grasa, y varios aditivos. Incluyen
bebidas azucaradas, snacks y ‘comidas rápidas’.
· La OMS y el Fondo
Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF) concluyen que las bebidas
azucaradas, los snacks con alta densidad energética y las ‘comidas rápidas’ son
causantes de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos
cánceres.
· Un estudio de OPS
mostró que de 1999 a 2013, las ventas anuales per cápita de productos
ultra-procesados aumentó continuamente en 12 países latinoamericanos,
desplazando a dietas tradicionales basadas en alimentos y comidas saludables.
· También se
encontró que el aumento en la venta de productos ultra-procesados estaba
asociado con un aumento del índice de masa corporal (IMC) de adultos en todos
los niveles de consumo, luego de ajustes por covariables (R2 =0.79; p
Las comidas preparadas con alimentos saludables
están consistentemente asociadas con buena salud y un bajo riesgo de enfermedad
(1-2). Esto se debe no sólo a su calidad nutricional, sino también a la
sociabilidad que rodea las comidas (2-3). Sin embargo, el patrón tradicional de
alimentación saludable está siendo desplazado por productos de comida y bebida
ultraprocesados, los cuales están aumentando rápidamente en los países de
ingresos bajos y medianos (4). Estos productos son formulaciones creadas a
partir de sustancias extraídas de. Incluyen una amplia gama de snacks densos en
energía, cereales de desayuno endulzados, galletas y pasteles, bebidas
azucaradas, ‘comida rápida”, productos animales reconstituidos y platos listos
para calentar. Comparados con los alimentos saludables y las comidas recién
preparadas, los PUP contienen más azúcar, grasas saturadas y sodio, y contienen
menos fibra dietética, minerales y vitaminas, y también tienen mayor densidad
energética (4-5). Además, son prácticos, ubicuos, fuertemente publicitados, de
alta palatabilidad y forman hábito (3). Ya que las cocinas tradicionales han
evolucionado como parte importante de nuestra autonomía personal, identidad y
cultura, la pérdida de conocimientos sobre los alimentos y habilidades
culinarias crea una vulnerabilidad seria en las sociedades, las economías
rurales y la biodiversidad agrícola.
En este contexto, existen dos estrategias que
pueden ayudar a la población a tomar mejores decisiones alimentarias:
1) el etiquetado de los alimentos: ya que los productos
procesados vienen empaquetados, el etiquetado puede apoyar a conocer y evaluar
el contenido nutrimental de un alimento o producto (Diario Oficial de la Federación, 2010, Stern et al., 2013); y 2) el modelo de perfil
de nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud: es una
herramienta que ayuda a clasificar los alimentos y bebidas que contienen una
cantidad excesiva de azúcares libres, sal, total de grasas, grasas saturadas y
ácidos grasos trans (Organización Panamericana de la Salud, 2016).
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